! Maldita la ciudad
de vicios y males llena¡
!maldito el amo egoísta
que me expulsó de mis tierras¡
A ocho hijos crié
entre terrones y malezas
pero eran sanos y fuerte
s tenían honra y vergüenza.
¡Hay que pena de mis hijos
acostumbrados a la Dehesa
y ahora viviendo en jaulas
en unas lejanas tierras!
También mi hija era buena
y se crió allá en mis tierras
sin recibir más caricias
que el aire puro de sierra.
Se casó , muy bien casa
con un mozo igual que ella
que, como un hijo más
trabajó mis mismas tierras.
Luego el amo nos echó
pa vivir en esta miseria
dentro de una ciudad hasta
donde el aire apesta
¡Siempre estamos en peligro
viendo que la muerte acecha,
ó te corrompen los vicios
ó un auto te atropella!
Como le pasó a mi hija
una mañana de feria,
que un borracho la aplastó
con su auto en las aceras.
A una pequeña dejó
aún sin la cuarentena,
que entonces fue mi alegría
pero que hoy es mi pena.
Ahora tiene quince años
y ya quiere independencia.
El día pasa durmiendo
y de noche se va de fiesta.
Y no me atrevo a reñirla
porque la niña contesta
que soy un viejo antigüao
y ella una mujer moderna.
Yo no sé si moda
es llevar una vida ligera bailar,
fumar y beber como
una mujer cualquiera.
!Qué pena cuando me acuerdo
da la paz da aquellas sierras¡
!Oh señor¡ ! cuantos tormentos
desde que perdí mis tierras¡.
Dedicado a todos los abuelos del campo
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