domingo, 4 de diciembre de 2011

ELPOETA Y EL LABRADOR.


Llegó una tarde un poeta paseando a unos campos que un labrador tenía, y se quedó extasiado contemplando las maravillas que a su alrededor veía.
¡Que suerte la tuya, labrador¡ que puedes disfrutar de la grandeza que tienes aquí en todo su esplendor. ¡Oh creador¡ ¡Sabia naturaleza¡
¡!Mira ese águila real¡ no podría ni el pintor más fino llevar a su lienzo la majestuosidad con que se posa en la rama de ese pino
¡Escucha de los pájaros sus trinos¡ suena como un coro de ángeles del cielo con sus cantos alegran los caminos y al que sufre le sirve de consuelo.
¡Y esos prados de rojas amapolas¡ ¡ Y esas hierbas de un perfume que trasmina¡ ¡Y esa puesta de sol¡ Bella como una ola cuando en la mar, sus rayos ilumina
¡Y este huerto con flores, naranjos y limoneros ¡ que, con tu trabajo y la ayudad de Dios has conseguido, parece un jardín cuidado con esmero! A la naturaleza y a Dios le estarás agradecido.
Pero el labrador, que no entiende de de grandeza que no sabe más que de trabajo y privaciones al inoportuno poeta le contesta exponiendo, a su manera, estas rezones,
¿ Donde ves, tu poeta, la belleza que dices que tienen esos campos? Yo no veo más que terrones y maleza y no sé donde tiene esos encantos.
Tú dices ¡ savia naturaleza ¡ yo digo , que no tiene sentido que por mucho llover, se pierda la cosecha y otras , por poco la siembra no ha crecido.
Donde tú ves un águila real que surca majestuosamente el cielo, yo veo un pajarraco criminal que me roba mis palomas y mis polluelos.
Esos pájaros que pían sin cesar, que tú dices que alegran los caminos, me pican los frutos antes de madurar ¡son unos bichos rastreros y dañinos
En la era se comen el maíz el trigo y los garbanzos pero yo, escondidos los acecho. Y en cuanto llegan les doy de escopetazos y así me pagan el daño que me han hecho.
Y el perfume que tú dices aspirar de las hierbas que crecen en mi prado lo que huele es el sudor con que se cubre, al trabajar, mi camisa, mi yunta y mi ganado.
.
Ese sol que tú ves en el ocaso, cuando se va escondiendo por la tarde, no te da en todo el día un descanso, Con su calor hasta la tierra arde.
Y ese huerto; que tú dices un vergel. Lo trabajo yo solo. Con mi azada, ! con mi fuerza¡ No tengo porqué agradecer a nadie su fruto. ! Ni a la naturaleza ¡
Ahí quedan dos hombres frente a frente ¿Quién dice la verdad? Quién la mentira Ya dijo un poeta inteligente que todo es del color del cristal con que se mira.

No hay comentarios:

Publicar un comentario