lunes, 28 de noviembre de 2011

Homenaje a un amigo.

Una Mañana de Noviembre, un amigo mío, y digo bien un amigo mío,… y vuestro, como si de un sueño se tratase fue a un desconocido lugar a llamar. A lo que cuando le abrieron la puerta le fueron a preguntar.
- ¿A qué vienes buen hombre?
- Vengo a echar una mano, como en cualquier sitio que me dejen entrar.
- ¿Una mano…? Tu plaza aún no está.
- ¿Cómo que mi plaza no está? Pero… si yo solo vengo a echar una mano, se hacer muchas cosas… seguro que encontrareis un hueco para mí, veréis os cuento, os cuento.
Yo allí de donde vengo he sido nazareno de mi Hermandad, sí, de la del Cerro…. y he acompañado a mi Virgen de los Dolores y a su hijo del Desamparo y Abandono, a hacer su estación de penitencia por las calles de Sevilla hasta llegar a la Catedral, y después volver al barrio, con el cuerpo cansado, pero el corazón feliz haber cumplido mi promesa… y soñando en el año que viene para poder volver a acompañarlos.
He encendido de las más bonitas y relucientes candelerías de Sevilla…, como por ejemplo: el Baratillo, los Negritos, le he dado luz a la Hdad. de los Gitanos para que no se pierdan en las oscuras calles de la “Madruga”. He dado de beber con mi jarrillo de lata y mi cántaro de barro, hecho con las manos alfareras de Triana, el agua de Sevilla a los costaleros de las Cigarreras… para refrescar sus gargantas y sus cuellos sudorosos y enrojecidos por el peso del amor a sus titulares, y de camino hacer también otra estación de penitencia con la Virgen de la Victoria.
También he sido insignia, de mi Hermandad portando con orgullo el estandarte por las calles de Sevilla, porque a Dios muerto en su Santo Entierro hay que acompañar.
Y hablando del Santo Entierro, en el de Utrera, que también he estado allí, he sido monaguillo, portador de cirial, he impregnado de incienso sus calles, y no he sacado brillo a la urna… por qué no me lo han pedido. No me quiero olvidar de haber estado encendiendo las velas, en esa humilde Hermandad del barrio vecino de Padre Pio, bueno y lijar, eso sí que sé hacer lijar…, vamos a lijar ese respiradero…, vamos a lijar ese cirial… ese palito también hay que lijar… y si no pregúntale a Faustino que él te lo dirá.
Y con este currículum que os presento digno de un buen capillita, ¿Me vais a decir que aún mi plaza no está, que no hay un sitio para mí?
A lo que, el de la puerta del desconocido lugar, le contestó.
- La verdad… es que no está mal, pero… es que te tienes que volver por dónde has venido, porque allí de dónde vienes, esta tu gente…. tu gente, que ni han podido, ni han querido despedirse de ti, te tienes que volver, porque todavía no has terminado el paso que estáis haciendo, ni los otros proyectos que saldrán en tu Asociación, porque tienes que aliviar el mayor dolor a mi madre, con tus idas y venidas, porque tienes que acompañarla en su soledad, porque en el día de hoy, a mi madre que es la tuya también, la ven a poner esa corona que tanto has soñado y tanto has luchado por eso te tienes que volver.
- ¿Te parece poco, de porque te tienes que volver?
- ¡Ha! Y aquí no vengas más,
que cuando sea tu hora
yo mismo te haré llamar.
Y vendrás a tu sitio como buen capillita
y no llevaras ni cirio, ni cirial,
ni caña, ni pavílo,
ni escalera vas a cargar.
Vas a ir delante
que es donde tienes que estar
con tu traje negro, tus zapatos brillantes y tu corbata bien “plancha”.
Pues llevaras el martillo,
un martillo celestial
con 30 ángeles costaleros
que no tendrás que igualar.
Y pasearas a la virgen en un paso sin igual
y no tendrás que gritar al cielo con ella
porque en el cielo estarás.
Dirás a la gloria con ella
Porque…
Capillita…
a la gloria ella misma te llevará.
Gracias por estar otra vez entre nosotros AMIGO.
Manuel Losquiño Peco,

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